La Giraldilla

En las páginas de una vieja revista Social de Conrado Massaguer, publicada en el mes de diciembre de 1926 leemos esta noticia escrita por el entonces historiador de la ciudad de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring:

“El ciclón [muy célebre] que el 20 de octubre último azotó furiosamente nuestra capital, causando en ella, además de algunas perdidas de vida, enormes destrozos en parques, plazas, calles y edificios, descubrió a los habaneros de hoy algo interesantísimo, que solo conocían algunos viejos habaneros, como el cronista autor de estas líneas: que la ciudad de la Habana, al igual que otras muchas ciudades de Europa y América, tenía su estatua simbólica, de un valor histórico y hasta artístico.

“Y para que ese descubrimiento se hiciese hoy fue necesario que la furia del huracán echase por tierra la referida estatua arrancándola del sitio donde estaba colocada: el Castillo de la Real Fuerza”.

Más adelante el primer historiador de la ciudad refiriéndose a la mencionada escultura añade:

“muchos han venido a La Habana y no han visto La Habana”.

Desde entonces Roig de Leuchsenring y otros afamados historiadores han narrado en la prensa y otras publicaciones la historia olvidada de esta figura de bronce habanera.

Han pasado más de noventa años de aquel famoso ciclón del 26 y del redescubrimiento de la escultura y, aunque no hemos revelado aun su nombre, los que acaban de leer los párrafos anteriores saben que se trata de LA GIRALDILLA la primera estatua forjada en la Isla, la que atesora una gran historia, personifica una hermosa leyenda y simboliza a la capital de Cuba.

Comencemos por su historia: LA GIRALDILLA es una veleta con figura de mujer forjada en bronce por encargo del Capitán General de la Isla de Cuba, el Almirante de Galeones Juan de Bitrián y Viamonte y Navarra, quien gobernó desde el 7 de octubre de 1630 hasta el 24 de octubre de 1634. El Gobernador quiso que la Habana tuviera una veleta parecida a la que corona la torre-campanario, la Giralda, de la catedral de Sevilla, en Andalucía, España, la cual fue durante varios siglos la más famosa y alta de Europa con una altura de 97,5 metros sin incluir la imagen del Giraldillo de 3.5 metros que se alza en la cúspide, esculpida entre 1566 y 1568, y tuvo lugar en el taller de Bartolomé Morel.

Gerónimo Martín Pinzón (otros historiadores aseguran que se apellidaba Martínez Pinzón), fue el artífice que la esculpió y fundió.
Nació en las Islas Canarias, donde aprendió el oficio de maestro fundidor, y vino a Cuba en 1597 para trabajar en la Maestranza de Artillería de La Habana, fundición recién creada por orden del Rey Felipe II para fabricar armas, balas, campanas y otros artefactos para la defensa y necesidades de la villa y las flotas reales.
El principal mineral empleado en la Maestranza se extraía de las minas de cobre de Santiago de Cuba.

Cumpliendo con los deseos del Gobernador, el artista esculpió una mujer airosa con una corona en la cabeza. Una rama de palma descansa sobre su brazo derecho y la mano izquierda sostiene un asta cuya punta alza la Cruz de Calatrava, símbolo de la orden militar y religiosa fundada en el año 1158 por el abad Raimundo de Fritero para combatir a los moros y defender la Villa de Calatrava en el Reino de Castilla. Orden de la que Juan Bitrián y Viamonte era caballero y quiso rendirle homenaje. La parte inferior del palo de esta asta sujetaba el timón que el viento movía y señalaba su rumbo. El Capitán General la nombró la Giraldilla en honor a la Giralda mientras que los capitalinos la llamaron “La Bella Habana”.

En el medallón que adorna el pecho de la estatua el artista grabó esta leyenda en latín:“IHIERO NIMUS MAR TIN /S PINZO ARTEEX. AC FVSOR EAM SCVPSIT” Que, al español, lo han traducido así: “Gerónimo Martín Pinzón artífice y fundidor la esculpió”

La figura tiene una altura de 1.05 metros y el escultor empleó para hacerla 81 libras de cobre, 4 libras de plomo, 3 libras de oro, 3 arrobas y 2 libras de cera de Campeche, 3 libras de hilo de hierro, 4 cañones de mosquete y la leña y el carbón necesarios para fundir los metales. Su costo total fue de 350 pesos y quedó terminada en 1632. Es la primera estatua que se fundió en Cuba.

La Giradilla fue colocada en el lugar más alto del Castillo de la Real Fuerza, sobre la cúpula de la torre del campanario. Su función no sólo fue decorativa sino que estaba a la vista de los navegantes que salían del puerto para que conocieran la dirección de los vientos y pudieran orientar el velamen de sus embarcaciones. Esto la califica también como el primer instrumento meteorológico público y permanente empleado en Cuba.

Un dato curioso es que el Giraldillo de Sevilla de 1568 es una escultura de mujer muy atrevida, casi desnuda, renacentista, mientras nuestra Giraldilla de 1632 es gótica, recatada como una monja.

Por su parte el castillo de la Real Fuerza es la fortaleza más antigua de Cuba. Comenzó su construcción el ingeniero Bartolomé Sánchez el 1 de diciembre de 1558, siendo gobernador de la Isla Don Diego de Mazariegos. La primera planta fue terminada por el ingeniero Francisco Caloña 18 años después, el 27 de abril de 1577, bajo el mando del Capitán de los Tercios en Flandes e Italia Don Gabriel de Montalvo. Los gobernantes siguientes reforzaron la defensa del Castillo y levantaron otra planta para la residencia de los gobernadores y en 1632 le dieron sitio a la Giraldilla en lo alto de la elevada torre.

La Real Fuerza resistió el bombardeo de la artillería de los ingleses durante la toma de La Habana en 1762 y solo después de heroicos combates, la falta de pólvora y una rendición honrosa los defensores depusieron las armas.

Cuando La Habana fue devuelta a España a cambio de la Florida se reforzaron las fortalezas del Morro, la Punta y se construyó la Cabaña, mientras que la Real Fuerza, por su limitado poder defensivo debido a su ubicación dentro de la ciudad, fue destinada a cuartel.
Durante la guerra de los 10 años fue sede del Cuerpo de Voluntarios de La Habana y después, de nuevo, cuartel y almacenes del Ejército regular.

Finalizada la guerra de independencia, el Gobierno interventor norteamericano depositó allí los documentos del Archivo Nacional. Durante la segunda intervención trasladaron el Archivo y el Castillo fue ocupado por la Jefatura de la Guardia Rural. Posteriormente, en 1916, radicó allí el Estado Mayor del Ejército Constitucional hasta la caída del Gobierno del General Machado, cuando fue entregada al Regimiento de Artillería “Máximo Gómez”.
En 1936 el Castillo de la Fuerza acogió a la Biblioteca Nacional, luego que el entonces jefe del Ejército, José Eleuterio Pedraza, la desalojara de la Maestranza de Artillería para construir un cuartel policial. Felizmente en 1957 la Biblioteca Nacional trasladó sus valiosos libros y documentos al hermoso edificio que hoy ocupa en la Plaza Cívica [hoy de la Revolución], mientras la Real Fuerza aguardaba por una restauración general que no llegó a realizarse hasta 1963.

El 1965 se instaló en la primera planta la Comisión Nacional de Monumentos y posteriormente el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología. Luego, en 1977, se inauguró el Museo de Armas y cuando éste fue trasladado en 1990 a la fortaleza de La Cabaña se abrió el Museo Nacional de la Cerámica hasta el 2005. Mientras tanto, para proteger la Giraldilla de la intemperie, se colocó una réplica exacta en la cima de la torre donde tradicionalmente estuvo.

El 6 de junio de 2008 después de una conveniente remodelación se inauguró el actual Museo Castillo de la Real Fuerza el cual ofrece una panorámica histórica de la navegación, la arqueología subacuática y la construcción naval cubana.

Ese día, para regocijo de los habaneros, la Giraldilla original, que había estado al cuidado y exhibición del Museo de Bellas Artes primero y del Museo de la Ciudad después, regresó a su Castillo, ahora se encuentra en la entrada ofreciendo a los visitantes el cariño de la siempre fidelísima Ciudad de La Habana.

LA LEYENDA
Se dice que Gerónimo Martin Pinzón moldeo la Giraldilla recodando a Isabel de Bobadilla, la primera y única mujer que ha gobernado la Isla. Sin embargo, no lo inspiró su don de mando, sino el amor y fidelidad a su esposo. Amor y fidelidad que la tradición popular fue contando a través de los siglos hasta convertirla en leyenda.

Isabel de Bobadilla estaba casada con Hernando de Soto un militar que se había distinguido en la conquista de Castilla del Oro (Panamá), Nicaragua y el Perú, y por sus méritos el Rey Carlos lo nombró Capitán General de la Isla de Cuba y Adelantado de la Florida. Isabel acompaño a su esposo a la Habana. Llegaron en las Navidades de 1538 y se encontraron con una población atemorizada por los crueles y constantes ataques y saqueos de los corsarios y piratas.

Por curiosidad acudimos a los apuntes de Roig Leuchsenring y nos encontramos que:

“La población de la villa de La Habana era muy escasa en sus primeros tiempos. En 1544 solamente había, según documentos de la época, 40 vecinos; y en 1553, 60. Pero si bien efectivamente el número de habitantes era pequeño, no llegaba a ser tan exiguo como estas cifras a primera vista harían presumir. Porque los «vecinos» no formaban toda la población: eran la minoría de ella, y la minoría «privilegiada» según veremos. En uno de aquellos documentos citado se dice que en 1544 había en la villa «40 vecinos casados y por casas; indios naboríes naturales de la Isla, 120; esclavos indios y negros, 200; un clérigo y un sacristán».

La primera orden de Hernando de Soto fue la de levantar una fortaleza para proteger a esa población y los galeones cargados de riquezas que se reunían en la Habana procedentes del centro y del sur de América, para partir con una fuerte escolta hacia España. Las obras de la fortificación comenzaron a principios de 1539 bajo la dirección del maestro de obras Francisco de Aceituno.

El 19 de mayo de 1539 Hernando de Soto emprendió la conquista de la Florida con nueve naves, novecientos hombres y 300 caballos, dejando de Gobernadora de Cuba a su esposa Isabel.

De Soto exploró la costa noroeste de la Florida y se adentró en el continente hasta descubrir dos años más tarde el río Mississippi. En sus andares por esos parajes le llamo la atención una vieja creencia que suponía la existencia de una “Fuente de la Juventud”. El Adelantado creyó en ella y se obstinó en buscarla. Sólo encontró una extraña fiebre que le ocasionó la muerte.

Una vez terminada la fortaleza el 12 de marzo de 1540, Isabel de Bobadilla subía diariamente a lo alto de la atalaya y miraba el horizonte, tratando de ver el barco en que regresaría su amado esposo. Así lo hizo hasta que, dos años después de haber muerto en la orilla del Mississippi, supo la suerte de Hernando de Soto.

Emilio Roig de Leuchsenring escribió en la revista Carteles:

“La nobleza de Isabel, su fortuna, la protección que desde muy niño prestó su padre a (Hernando de) Soto, la riqueza de su familia y las amplias y valiosas relaciones que poseía con personajes de la época, así como la belleza, inteligencia y discreción que adornaban su persona, han hecho de esta mujer una figura que se destaca con caracteres propios y relevantes junto a su marido, siendo imposible hablar de éste ni de su gobierno en Cuba ni de su expedición a La Florida, sin mencionar, también, de manera muy singular, a doña Isabel de Bobadilla”

La Giraldilla, mito y realidad, es una de las maravillas que tiene La Habana.
Por cierto la fortaleza que mandó a construir Hernando de Soto y en cuya torre esperaba su esposa Isabel, es la “Fuerza Vieja”, que estaba en los terrenos que ocupo luego la Maestranza de Artillería y donde hoy está una estación de Policía que imita un castillo español.

La réplica de “La Giraldilla” la realizó el escultor Eugenio Hernández , lamentablemente hoy un poco olvidado a pesar de haber sido un gran artista.

Fuentes
Roig de Leuchsenring, Emilio: Apuntes históricos de La Habana. La Habana: Consejo Nacional de Cultura, 1960.
Roig de Leuchsenring, Emilio: Doña Isabel de Bobadilla esposa de Hernando de Soto. revista Carteles del 16 de julio de 1939
Pérez Beato, Manuel: Habana Antigua: Seoane, Fernández y Cía, 1936, t. I
Pezuela, Jacobo de la: Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba. La Habana, 1865,

Mario Adolfo Marti Brenes