La historia del crucero Cuba

Las condiciones de insularidad hicieron que países como Gran Bretaña y Japón buscaran respuestas en el mar. En la Cuba colonial principalmente, La Habana fue astillero militar y base naval para la conquistas de otras tierras del nuevo mundo así como del sistema de flotas de España.

En su arsenal se construyeron los grandes navíos españoles del siglo XVIII y durante nuestras guerras por la independencia los mambises comprendieron la importancia de la flota en un estado insular y compraron barcos, además tuvieron soporte de algunas expediciones desde territorio norteamericano.

Entre otros sobresalieron los esfuerzos del General Emilio Núñez, de hecho el precursor de la Marina de Guerra de Cuba.

No obstante, cuando lo que aún hoy de manera equivocada tiende a llamarse isla (sin tener en cuenta Isla de Pinos y más de 1.300 cayos e islotes adyacentes), pasó a ser la República de Cuba, no hubo el empuje necesario para el desarrollo con el mar como objetivo.

Finalmente, a finales de la presidencia del General José Miguel Gómez, el popular caudillo con sus aciertos y sus yerros, se aprobaron algunas resoluciones referentes a los asuntos navales y marítimos. Luego de reorganizarse el modesto Servicio de Guardacostas, nació la Marina de Guerra de Cuba con un programa de expansión naval que culminó al construirse un crucero y un buque escuela en el astillero Williams Cramps and Sons, de Filadelfia, Pennsylvania.

Un país insular debe desarrollar astilleros para construir su propia flota. Sin embargo, en el futuro, a pesar de que muchas unidades navales serían transferidas desde Estados Unidos y después desde la unión Soviética, ninguna otra de relativa importancia saldría de nuestras gradas

[plano inclinado hecho de cantería, a orillas del mar o de un río, sobre el cual se construyen o carenan los barcos]

específicamente para servir en la vigilancia y protección de las costas cubanas. Solo se han transferido o comprado barcos ya usados: En Cuba la defensa siempre se ha planificado en tierra, con tanques, artillería e infantería cuando se debió priorizar el mar como campo de batalla. Tremendo error defensivo. En cuanto al ejército del aire se fue mas certero.

Sigamos: A la botadura de ambos buques el 10 de octubre de 1911 asistió el Capitán de Navío Julio Morales Coello, jefe de la Marina de Guerra de Cuba, junto a un numeroso grupo de autoridades cubanas y norteamericanas. La madrina del crucero fue la Srta. Mariana Gómez, hija del Presidente José Miguel Gómez. De acuerdo a lo estipulado en La Habana al aprobarse el proyecto de construcción, la gentil doncella pronunció la frase: “Yo te bautizo con el nombre de Cuba”, mientras lanzaba la tradicional botella de champán contra su proa. Así comenzó una singular página naval cubana, aunque lamentablemente siempre en mayor o menor grado viviríamos de espalda al mar.

Construido al costo de $100.000 y originalmente clasificado como crucero ligero de segunda clase, el “Cuba” tenías 2055 toneladas de desplazamiento, 260 pies de eslora, 39 pies de manga y un puntal de 26 pies. El calado era de 14 pies y su casco de 3/3 de pulgada de acero estaba dividido en 12 compartimentos estancos. Con máquinas alternativas de triple expansión, calderas de vapor y una autonomía limitada por una capacidad de 250 toneladas de carbón, sus dos hélices gemelas desarrollaban 18 nudos. La artillería principal consistía en 2 cañones de 4 pulgadas [101,6 mm] y la artillería secundaria estaba compuesta por diversas piezas de menor calibre. Sus embarcaciones auxiliares eran dos lanchas de vapor de 30 pies, dos botes de 28 pies y dos botes salvavidas.

El primer comandante del “Cuba” fue el capitán de corbeta Gabriel Díaz Quibús y desde un principio a la hoja de servicios propiamente navales del crucero, se sumaron otras actividades, tanto en el ámbito nacional, como en el internacional. Un exponente en lo diplomático y humanitario fue el viaje a Veracruz, Méjico, en 1913, a instancias de Manuel Márquez Sterling, el embajador cubano en el vecino país, con el propósito de proteger y expatriar al depuesto Presidente Francisco Maderos. No obstante, Maderos fue asesinado y sólo sus familiares pudieron ser transportados al asilo político que les había ofrecido La Habana.

Durante el transcurso de los vaivenes políticos de orden doméstico que sucedieron al Machadato, el “Cuba” se destacó por apoyar el ataque al Castillo de Atarés en 1933. Al año siguiente tuvo lugar la rebelión a bordo del crucero en Antilla, provincia de Oriente, liderada por su comandante, el Teniente de navío Evaristo Ulloa debido a los cambios en la jefatura de la Marina de Guerra de Cuba. La sedición no tuvo respaldo alguno, aunque reflejó la influencia de algunas corrientes revolucionarias dentro del sector naval.

Luego de la modernización que incluyó la eliminación del carbón como combustible diésel, uno de los momentos de gloria del “Cuba” fue en 1937, cuando al mando del capitán de Corbeta Pedro Brito Silva participó en la revista naval de Spithead, Gran Bretaña, con motivo de la coronación del Rey jorge VI.

En la travesía, extendida a varios puertos desde Londres hasta Oslo, Noruega, por primera y última vez la bandera de la estrella solitaria pudo ser observada en latitudes al norte de Europa, ondeando a bordo de un buque de la Armada cubana; porque las tres fragatas KONI II que cedió la URSS a Cuba, pasaron por Gibraltar rumbo a nuestro país con bandera soviética.

Durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que Cuba, aliada de Estados Unidos, le declaró la guerra al Eje, en la práctica se limitó a enfrentar la ofensiva submarina alemana en aguas cercanas a nuestras costas. Los torpedos enemigos ocasionaron el hundimiento de varios buques mercantes cubanos y la muerte a un número considerable de sus tripulantes, pero en ese ínterin el caza submarinos cubano CS-13 logró hundir al submarino alemán U-176, siendo la Marina de Guerra de Cuba la única en América Latina que se anotara una victoria de esa índole.

También al cesar las hostilidades se determinó que el “Cuba”, comandados por los capitanes de Corbeta Antonio Cuadra Garrote, Braulio Fernández Hernández y Marcos Pérez Medina, a pesar de ser ya un barco muy obsoleto, había navegado aproximadamente 28.000 millas en la región, escoltando con distinción un total de 90 buques mercantes cubanos y extranjeros.

El papel preponderante del “Cuba” finalizó en la post guerra con la adquisición de tres moderna fragatas norteamericanas por la Marina de Guerra de Cuba [la José Martí, la Antonio Maceo y la Máximo Gómez].

Después de 1952, el crucero pasó a ser el equivalente a un buque presidencial. También en ocasiones fue usado como buque escuela realizando viajes de instrucción alrededor del territorio nacional en 1961.

Al ser retirado del servicio activo y saqueado por su tripulación, permaneció atracado en el Mariel hasta que años más tarde, luego de ser remolcado a la Ensenada de Siguanea, en Isla de Pinos, fue blanco de cohetes desde otra unidad naval cubana y hoy permanece hundido a 18 pies de profundidad y parcialmente visible.

¿Cómo fue posible que un buque de guerra, jamás atacado por enemigo alguno, o atacado sin éxito, y para más bautizado con el nombre de Cuba, que siempre se llamó Cuba, haya sido hundido por cohetes cubanos? Fue algo muy poco patriótico, algo totalmente condenable.

Sin ser un famoso buque capital, el “Cuba” era epítome de la historia naval cubana.
Y de haber habido un gobernante con al menos cierta inclinación a lo civilizado
[o haber existido entonces un Eusebio Leal como historiador y con cierta influencia tal como es hoy],
es posible que el crucero hubiera terminado en algún sitio de la bahía de La Habana convertido en Museo Naval para la posteridad.

Mario Adolfo Marti Brenes